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Estilo de vida y ubicación geográfica tienen a Chile con baja vitamina D, y obligan a fortificar Leche y harina

  • hace 2 días
  • 3 min de lectura

La elección de los alimentos se debe a su amplio consumo, y a que no se modifican los hábitos de las personas. Pero los expertos también aseguran que debe haber más actividad física y al aire libre.


Felipe Acosta tiene que tomar vitamina D desde hace al menos 10 años, pero en varias oportunidades ha iniciado el tratamiento y a los pocos días lo deja, 'porque se me olvida tomarla. Salgo rápido al trabajo y simplemente la dejo. Otras veces que he tomado esos shots tampoco he seguido, y eso me ha pasado la cuenta. Hoy tengo poco calcio en los huesos y, según los doctores, puede ser por eso, porque la vitamina D ayuda a absorberlo'.


El déficit de este nutriente es más común de lo que se piensa en la población chilena. Según la última encuesta de salud aplicada previo a la pandemia, 16% de las mujeres de 15 a 49 años y un 21% de los adultos mayores presentan deficiencia severa de esta vitamina. Y en las zonas extremas, como Magallanes, más de la mitad de la población tenía déficit de esta vitamina, asociado principalmente a la falta de exposición al sol.


'Al estar en el extremo sur del planeta, durante buena parte del año la radiación solar que permite producir vitamina D en la piel es menor. A esto se suman hábitos propios de la vida actual, como pasar gran parte del día en espacios cerrados, por trabajo o estudio', dice la subsecretaria de Salud Pública, Alejandra Pizarro.


Así, un porcentaje importante de la población se debe suplementar, ya sea con dosis semanales o gotitas diarias, cuyo valor puede bordear los $20 mil.


Pero también debido a este panorama se decidió fortificar todas las leches y la harina de trigo con vitamina D.


'Para llevar a la gran mayoría de la población sobre los niveles de deficiencia severa no bastaba, según los modelos que se habían hecho, solo con un vehículo alimentario, sino que necesitábamos estos dos', comenta el inmunólogo de la U. Católica, Arturo Borzutzky.


El profesor asociado de la Facultad de Medicina lideró los estudios, con el apoyo del Centro de Políticas Públicas UC, en los que se basó la propuesta para que finalmente se pusiera en marcha el plan.


No fue azar


La fortificación con vitamina D consiste 'en agregar una cantidad segura y controlada de esta vitamina' en los alimentos, 'sin que las personas deban modificar sus hábitos', explica la directora del Doctorado de Biomedicina de la U. de los Andes, Dolores Busso. Y asevera que 'los alimentos y la cantidad de vitamina D que se incorpora no se eligen al azar'.


La subsecretaria Pizarro complementa que 'se eligió la Leche y harina porque son alimentos que los chilenos consumen todos los días, sin importar su nivel de ingreso. Es una medida de equidad: no depende de que una persona tenga los recursos o el hábito de comprar un suplemento, el beneficio llega solo, en lo que ya come'.


Añade que la idea es 'mantener a más del 90% de la población por sobre el umbral de deficiencia severa e incrementar la proporción de personas que alcanzan niveles adecuados de vitamina D'.


El inmunólogo también señala que Chile es el primer país de Latinoamérica en tomar la medida y se suma a países como Suecia, Finlandia y Canadá. 'Esta política, de multialimentos, incluyendo Leche y trigo, me parece que es única en el mundo', dice.


Deporte al aire libre, otra clave


La falta del micronutriente está asociada a enfermedades ligadas al sistema óseo e inmunitario. 'En los adultos, la deficiencia aumenta el riesgo de osteomalacia, dolor óseo, debilidad muscular y fracturas. En los niños, una deficiencia severa puede provocar raquitismo, aunque actualmente esta enfermedad es poco frecuente gracias a la suplementación con vitamina D durante el primer año de vida', explica la doctora Busso.


Y agrega que la política se implementa, sobre todo para 'prevenir las que puedan ser causadas por la deficiencia de vitamina D'.


Con todo, también es necesario un cambio en el estilo de vida, 'la realización de más deporte al aire libre y otras actividades, y mayor consumo de pescado', dice Borzutzky.


Pero como esos cambios podían tardar mucho en materializarse, 'surge la opción de fortificar alimentos, porque es la única manera de hacerlo obligatorio y mediante cosas que los chilenos no tienen que hacer extra. Si uno los pone a tomar pastillas, (el tratamiento) va a durar muy poquito', reconoce.


Fuente: El Mercurio.

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